Vivo tras La Traviata y dispuesto a jugármela de nuevo por El Conde Ory


Tras los peligros sorteados durante el sábado en el Audirorio sigo vivo, o al menos eso parece, para infortunio de mis enemigos. Si, amigos, el auditorio no se derrumbó. Al menos no mientras yo estuve en su interior, lo que me permitió asistir a la ópera de Verdi sin altercado ni lesión alguna.

La Traviata que vimos los allí presentes el sábado comenzó con retraso respecto al horario programado, debido a un "accidente de tráfico de uno de los profesores", según explicó la megafonía del edificio (gracias a mi padrino nos enteramos de que los profesores son los músicos y los maestros los directores. Nunca se acuesta uno sin saber algo nuevo).

La soprano Victoria Loukianetz representó a Violeta Valery, "La extraviada", con un derroche de voz y de cualidades interpretativas. El barítono Franco Vasallo (a quien a la postre el público aplaudió con entusiasmo) se encargó de dar vida, voz y alma a Giorgo Germont, el padre de Alfredo. Este último, amor fugaz pero eterno de Violeta fue representado por el tenor Giuseppe Filianoti. La escenografía logró envolver al publico que salió entusiasmado y agraciadamente vivo del Auditorio. En definitiva La Traviata dejó un muy buen sabor de boca a los oyentes eruditos y a los meros espectadores, que también los habíamos.

Él próximo día 19 de octubre volveremos a ver El Conde Ory, de Rossini. Esperemos que todo siga saliendo bien. Aunque supongo que nuestros gobernantes pensarán lo mismo, hasta que no sea así...

 

posted by Napi_Di_Loop, El lobo bueno on 7:51 p. m.

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